LA HISTORIA



La historia oficial:


Una historia se hace oficial cuando su veracidad ha sido comprobada y aceptada por historiadores reconocidos. ¿Y qué es un historiador reconocido? Una persona con conocimientos históricos profundos avalados por sus diplomas académicos. Pero un historiador competente es más que un conocedor de datos y fechas: es una persona cuyos méritos se reconocen por su rigurosidad científica en la recolección e interpretación de la información recabada en sus investigaciones. 

La historia como la medicina abarca diversos temas, ramificaciones infinitas de un árbol enorme; por ende, un historiador conoce el árbol, pero se especializa en una rama particular. Pero, ¿son estas especializaciones y rigurosidades científicas suficientes para aceptar como verdad una historia oficial? No, no lo son.

A veces un historiador juega el papel de relator y recolector de historias pasadas escritas por los contemporáneos de dichos sucesos. Es decir, muchas veces el historiador no ha sido el observador directo de lo que relata. Así, algunas de las historias que pululan en enciclopedias y libros se basan en datos transmitidos en el discurrir del tiempo, datos que en el transcurso de su viaje hasta el presente han sido mancillados por interpretaciones subjetivas, intereses propios, perspectivas variadas, omisiones y adiciones y demás filtros que transfiguran el blanco original de un suceso en inmenso arcoíris.

La función del historiador es devolverle el blanco original a una historia, esto evitando mancillarla con su propia subjetividad. ¿Logra el historiador su cometido? Unas veces sí, otras veces no. Su éxito depende de la información que tenga a su disposición y del buen filtro que se haga de la misma, ya que sería indebido para un historiador aceptar cualquier información sin verificar la fiabilidad de su fuente. Esta verificación se logra durante el curso de profundas investigaciones hechas con científico rigor. Cuando una investigación demuestra la fiabilidad de la información, se puede hablar de un hecho histórico cuya verificación ha sido exitosa, haciendo de este digno merecedor de ser catalogado como hecho histórico oficial, hecho histórico completamente fehaciente o más o menos fehaciente, pero fehaciente al fin y al cabo. 

Hay historias que son contemporáneas con el historiador que las recolecta, pero esto no significa que dichas historias sean 100% veraces. En este caso la veracidad de un hecho puede ser empañada por la negligencia del historiador, por sus posturas y opiniones o por la acción de la censura. 

Y así se reconoce que la historia, por más oficial que pueda ser, no debe ser tomada como un reflejo exacto de todos los acontecimientos sucedidos, estudiados y categorizados en libros y enciclopedias. Tampoco de entrada debe ser tomada como falacia, simplemente hay que saber verla con ojos críticos y objetivos.
¿Y qué pasa con aquellos eventos ignorados por los historiadores y sus registros históricos oficiales? Para estos casos en el ámbito histórico existe un mundo paralelo no menos importante: la historia no oficial.

Historia no oficial: 

Se entiende por historial no oficial aquellos eventos que no han sido estudiados ni recopilados por la ciencia establecida (ciencia oficial). También puede entenderse por no oficial la historia que le ha sido negada al público general, por ejemplo la existencia de vida extraterrestre. La historia oficial dice que aún no se prueba la existencia de inteligencia fuera de este planeta, pero la no oficial, la oculta, la subterránea, dice todo lo contrario. Esta historia, aunque en la superficie parezca ridiculizada por los científicos de renombre, en el fondo, oculta de las miradas públicas, se estudia de manera seria y científica. 




Entonces se entiende que la historia no oficial es la que no ha sido estudiada con rigor científico por historiadores de profesión, ocupando su lugar historiadores aficionados. También se entiende que la historia no oficial es la que, a pesar de ser el objeto de estudio de investigadores de renombre, no es mostrada ante los ojos del público general. 

Y así ante nosotros tenemos dos perspectivas cuya veracidad es completamente cuestionable, por ende los lectores, escritores, curiosos, buscadores de la verdad y libres pensadores, deben tener el criterio y la suficiente actitud crítica para cuestionar el mundo que los rodea, aceptar lo que les resuena como verdad y descartar el resto. De esta manera, serán menos propensos a ser engañados y manipulados por las mentiras de la historia.

Mentiras de la historia:

Tanto la historia oficial como la no oficial comparten una infamia, arma de poderosos, causa de sumisión: la mentira. No toda historia guarda en sí misma una mentira, pero tampoco no todas son inmunes a sus abyecciones. Entre un grupo de historias recalcadas con indeleble tinta sobre los libros de texto, unas que otras, tal vez muchas, tal vez pocas, albergan dentro de sí el virus de la falsedad. 

Decía Winston Churchill, primer ministro inglés durante la segunda guerra mundial: “La historia la escriben los ganadores… y los historiadores, supongo”.  En la primera frase con sinceridad y en la segunda con ironía, Churchill en su lucidez y conocimiento expresa una verdad oscura pero iluminadora, oculta pero tan visible y obvia, que ella, sin necesidad de los campanazos de Churchill o de otros “iluminados”, puede ser fácilmente inferida, vislumbrada, encontrada, solo hace falta abrir un poco los ojos y observar, percibir lo que realmente importa en esta sociedad que vertiginosa y ciega y furiosa gira en torno al poder y el dinero. 

La historia la escriben el poder y el dinero; la escriben los ganadores… Y la manipulan.

Manipulación de la historia:

La historia puede ser manipulada para lograr opiniones, para hacer que el pueblo pida lo que los líderes quieren que pida, para hacer que el pueblo haga lo que los líderes requieren que este haga. Un ejemplo de ello se vivió en los albores de la revolución francesa: con rumores, mentiras y cortando la entrada de alimentos a Paris, se logró minar la mente del pueblo francés, y con la meliflua y mentirosa consigna de fraternidad, igualdad y libertad para todos, se manejaron las frustraciones y energías del vulgo en pro de la eliminación definitiva de la monarquía. 



El anterior fue solo un somero ejemplo (se ahondará en la revolución francesa en próximas entradas) que busca ilustrar lo que es la manipulación de la historia y su trascendencia en la sociedad.

La historia no es solo el estudio del pasado, la historia se escribe a diario, en tiempo presente, en periódicos, en noticieros, en todos aquellos medios de comunicación que tienen directa influencia en la mente de las personas que los oyen, ven y leen. La historia presente, a través de los sentidos, entra en las mentes de las personas y toma la forma de opiniones, prejuicios, impresiones y demás sensaciones que moldean la percepción de la realidad.

Quien tiene el poder sobre la divulgación de la información, tiene el poder para escribir la historia, para moldear la realidad humana.

A continuación, a manera de ejemplo relato una historia ocultada por los manipuladores de la historia. 



NIKOLA TESLA Y LA ENERGÍA LIBRE





Ingeniero eléctrico, científico e inventor, Nikola Tesla, hombre sin igual, aunó sus esfuerzos para lograr su sueño de crear y proveer energía eléctrica para toda la humanidad. 
Su plan consistía en construir una enorme torre de acero (torre Wardenclyffe) capaz de transmitir energía eléctrica inalámbrica. Esta transmisión sería mundial, y a parte de energía también transmitiría ondas radiales, enlazaría los servicios mundiales de telefonía y telegrafía y conformaría una red de transmisión de documentos, reportes de la bolsa e información del clima. Todo esto sin significarle costo alguno a los usuarios. 

El único inconveniente para la ejecución de su plan era económico. Entonces Tesla, necesitado de dinero, acudió a J.P Morgan, banquero y empresario y uno de los hombres más ricos de la época. Morgan invirtió su dinero en Tesla creyendo que su patrocinado le devolvería con creces la inversión. 





La idea de Morgan era hacerse con el control de la energía eléctrica, proveerla y cobrar su consumo, además también deseaba ser el productor del cobre que se usaría en los cables de las futuras redes eléctricas estadounidenses.  

Por su puesto Morgan ignoraba la naturaleza del proyecto de Tesla. Tesla comenzó su proyecto con el dinero de Morgan, y cuando ya tenía construida su torre, otra vez se quedó sin capital. Acudió nuevamente a Morgan, pero este, decepcionado por las nulas utilidades de su inversión y ya enterado del verdadero plan de Tesla (el mismo Tesla ingenuamente se lo confesó), se rehusó a darle más dinero.


Morgan recién había adquirido unas minas de cobre para llevar a cabo su futuro negocio. Por lo tanto, usando sus influencias, persuadió a otros millonarios para que no patrocinara el proyecto de energía libre. 

Y así murió el sueño de Tesla, el anhelo de energía libre para toda la humanidad.
Mucho tiempo después, en 1943, sin más compañía que sus palomas, solo en su cuarto de hotel muere Nikola Tesla. Tras su muerte, agentes del FBI incautaron sus  inventos y anotaciones, y su nombre sería prácticamente borrado de la historia, su fama y recuerdo se diluirían con el paso del tiempo.




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